Trocanteritis, o bursitis trocantérea: dos nombres para lo mismo. Si tienes dolor en el lado externo de la cadera, ese que te despierta cuando duermes sobre ese costado y que molesta incluso al apoyar un dedo en el saliente óseo, casi seguro que te han dicho este nombre. Es uno de los cuadros que veo con más frecuencia en videollamada, y también uno de aquellos en los que la divulgación en italiano se ha quedado atrasada unos veinte años.
Conviene decirlo enseguida, porque cambia todo lo demás: en la mayoría de los casos no es una bursitis. La estructura que genera el dolor es casi siempre el tendón de los glúteos, no la bolsa. No es un tecnicismo de manual. Si el problema es un tendón que ha perdido capacidad de carga, el plan de tratamiento consiste en reconstruir esa capacidad con el ejercicio, no en apagar una inflamación con hielo, reposo y estiramientos.
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Antes que nada: cuándo el dolor lateral de cadera requiere un médico
El nombre que se está imponiendo es síndrome doloroso del trocánter mayor, porque la bolsa es a menudo la parte menos interesante del problema: en la mayoría de los casos el protagonista es el tendón.
El dolor en el lado de la cadera es, en la gran mayoría de los casos, un problema mecánico, muy molesto pero benigno y reversible. Algunos cuadros, sin embargo, no tienen nada que ver con los tendones, y reconocerlos importa más que cualquier ejercicio. Una revisión ortopédica dedicada a las bursitis más comunes la pone como primer paso: la bursitis hay que distinguirla de la artritis, la fractura, la tendinopatía y la afección nerviosa, porque el tratamiento es completamente diferente.
Acude a un médico, no a un artículo, si:
- tienes fiebre y la zona está caliente, enrojecida, hinchada y dolorosa incluso en reposo: es el cuadro de la bursitis séptica, que se trata con antibióticos y hay que reconocer rápido;
- el dolor ha aparecido tras una caída o un traumatismo y te cuesta cargar el peso sobre la pierna, sobre todo si tienes más de 65 años u osteoporosis conocida;
- el dolor óseo es continuo, está presente incluso en reposo, te despierta por la noche y va acompañado de pérdida de peso inexplicable, sudores nocturnos o antecedentes de cáncer;
- has aumentado mucho la carga de la carrera y sientes un dolor óseo puntual y progresivo que ahora aparece también al caminar: cuadro compatible con una lesión por estrés del hueso, que empeora si sigues cargando;
- aparecen hormigueo, insensibilidad o pérdida de fuerza que bajan por la pierna, lo que desplaza la sospecha hacia la columna lumbar;
- el dolor es sobre todo inguinal, con rigidez de la cadera y pérdida de rotación, más que en el lateral: es más típico de la artrosis de cadera y se gestiona de otra manera.
Ninguno de estos puntos significa automáticamente que tengas algo grave. Significan que hace falta una mirada clínica antes de iniciar cualquier programa. Si nada de esto te afecta, se puede razonar sobre el resto.
Por qué el nombre «bursitis» es erróneo, y por qué importa
La bolsa trocantérea es un cojinete de deslizamiento entre el saliente óseo del lado de la cadera, el trocánter mayor, y los tejidos que pasan por encima. La idea clásica era que se inflamaba, de ahí el nombre.
El cuadro cambió cuando se empezó a mirar. Una revisión clínica publicada en el Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy resume así el estado de la cuestión: la tendinopatía glútea se considera hoy la principal fuente local de dolor lateral de cadera, lo que antes se llamaba bursitis trocantérea. El protocolo del ensayo aleatorizado más importante sobre el tema lo dice de forma aún más directa: la afección se diagnostica a menudo como bursitis trocantérea, pero los estudios radiológicos y quirúrgicos han revelado que la patología más común es una tendinopatía del glúteo medio y menor.
Hay más, y es la parte que debería hacernos prudentes con los diagnósticos basados en un informe. En un estudio con 40 personas con dolor lateral de cadera sometidas a resonancia magnética, se encontraron alteraciones del tendón del glúteo medio, bursitis, artrosis y atrofia muscular; pero las mismas alteraciones aparecían también en caderas sin síntomas, en particular precisamente las etiquetadas como bursitis. Los autores señalan además que el acuerdo entre el diagnóstico fisioterapéutico y el radiológico era escaso, y concluyen que usar la resonancia como referencia es problemático.
Traducido: si en tu informe pone «bursitis trocantérea», esa palabra describe una imagen, no necesariamente la fuente de tu dolor. Por eso la literatura ha adoptado una etiqueta más honesta, síndrome doloroso del trocánter mayor, que dice dónde duele sin pretender saber qué tejido sufre.
Esto no significa que tu dolor sea imaginario ni que no haya nada que hacer. Significa que el objetivo del tratamiento es un tendón que necesita carga gradual, no una llamarada que apagar.

Quién la sufre y cuál es el mecanismo
Lo que llamamos bursitis trocantérea es una afección todo menos rara: el metaanálisis de 2024 sobre ondas de choque, del que hablo más adelante, indica en su introducción que el síndrome doloroso del trocánter mayor afecta al 17,6% de los adultos entre 50 y 79 años, con una clara prevalencia femenina. En el ensayo aleatorizado principal sobre el tema, de los 204 participantes 167 eran mujeres, con una edad media de 54,8 años (desviación estándar 8,8). La literatura la describe como especialmente frecuente en mujeres posmenopáusicas.
Sobre el mecanismo, la reconstrucción más aceptada es que lo que daña estos tendones es la combinación de compresión excesiva y cargas de tracción elevadas. La compresión depende sobre todo de la posición de la cadera: cuando el muslo se acerca a la línea media del cuerpo, es decir, en aducción, los tendones glúteos se aplastan contra el trocánter mayor. Junto a los elementos musculares y óseos, la posición articular se señala como factor clave.
De aquí se deriva toda la parte práctica de este artículo, y conviene tenerlo presente porque es el hilo que une consejos aparentemente desconectados: casi todo lo que ayuda sirve para reducir la aducción de cadera, y casi todo lo que empeora la aumenta.
Hay que decirlo con honestidad: esto es un modelo, coherente con la anatomía y con la clínica, no una ley demostrada. Los mismos autores que lo proponen señalan que todavía faltan estudios de alta calidad sobre esta afección y que no hay consenso sobre qué pruebas clínicas son las más fiables para diagnosticarla.
El tratamiento de la bursitis trocantérea: qué dicen los estudios
Aquí la noticia es buena, y es la parte con las pruebas más sólidas de todo el artículo.
El estudio de referencia es un ensayo aleatorizado publicado en el BMJ en 2018. Incluyó a 204 personas de entre 35 y 70 años, con dolor lateral de cadera desde hace más de tres meses, una intensidad de al menos 4 sobre 10, y tendinopatía glútea confirmada tanto clínicamente como con resonancia. Se dividieron en tres grupos: un programa de educación en la gestión de la carga más ejercicio, dirigido por fisioterapeutas en 14 sesiones a lo largo de ocho semanas (69 personas); una única infiltración de cortisona ecoguiada (66 personas); un enfoque de espera con solo tranquilización (69 personas). A las 52 semanas completó el seguimiento el 92,6% de los participantes.
A las ocho semanas, el número de personas que refería una mejoría global significativa era de 51 de 66 en el grupo de educación y ejercicio, 38 de 65 con la infiltración, 20 de 68 en quienes no hacían nada. El dolor medio de la última semana era 1,5 (desviación estándar 1,5) con el ejercicio, 2,7 (2,4) con la infiltración, 3,8 (2,0) sin tratamiento. La ventaja del ejercicio sobre la infiltración era de 19,9 puntos porcentuales en la mejoría global (intervalo de confianza del 95% de 4,7 a 35,0) y de algo más de un punto en la escala del dolor.
A las 52 semanas el éxito lo refería el 51 de 65 en el grupo de ejercicio, 36 de 63 con la infiltración, 31 de 60 en espera. (Si acabas de hacerte la infiltración, lo que puedes esperar en los días siguientes está en después de la infiltración: qué hacer.) El ejercicio seguía siendo superior a la infiltración en la mejoría global (20,4 puntos porcentuales, de 4,9 a 35,9), pero en la intensidad del dolor la diferencia entre los dos había desaparecido. Este punto hay que contarlo entero: al cabo de un año, quien se había infiltrado tenía de media el mismo dolor que quien había hecho fisioterapia, aunque estaba menos satisfecho con el resultado global.
Un metaanálisis de 2024 reunió después seis estudios aleatorizados con 733 pacientes y concluyó que la evidencia actual respalda una recomendación fuerte del ejercicio como tratamiento de primera línea, y que, frente a la infiltración, el ejercicio aumenta la probabilidad de una mejoría global percibida como relevante. También aquí el matiz importa: los autores usan la palabra «ligeramente» para describir el efecto del ejercicio sobre el dolor y la función frente a un grupo de control, y recuerdan que el resultado descansa en pocos estudios y en un número moderado de pacientes. No se registraron eventos adversos graves.
Dos advertencias antes de llevar todo esto a la práctica. La primera: la población estudiada es crónica, con dolor de más de tres meses. No sabemos si un dolor que apareció la semana pasada se comporta igual. La segunda: en el ensayo el programa estaba guiado por un fisioterapeuta en catorce sesiones a lo largo de ocho semanas. Los ejercicios también se hacían en casa (el protocolo del estudio lo dice explícitamente), pero la progresión se decidía y corregía de sesión en sesión, no se entregaba en un papel. No es un detalle, como se verá enseguida.
Un consejo importante: antes de probar estos ejercicios, asegúrate de haber recibido un diagnóstico correcto. A menudo se cree tener un problema, pero la causa real del dolor es otra. Hacer ejercicios equivocados puede empeorar la situación en lugar de mejorarla.
«El glúteo medio es débil»: una hipótesis, no una causa demostrada
La idea de que un glúteo medio débil causa la trocanteritis se cuenta en todas partes como un hecho. Lo que tenemos es más modesto.
Un estudio comparó a 40 mujeres de más de 45 años, sedentarias, la mitad con el trastorno y la otra mitad sin él. Las imágenes de resonancia no distinguían a los dos grupos por la frecuencia de tendinopatía, peritendinitis, bursitis o entesitis (la única diferencia, al límite de la significación, se refería a las lesiones del tendón del glúteo medio), y tampoco diferían los parámetros de alineación sagital de la pelvis. Lo que separaba a los dos grupos era la fuerza: quien tenía el trastorno era más débil en todos los grupos musculares de la cadera, abductores pero también aductores, flexores, extensores y rotadores, y aguantaba menos en las pruebas de resistencia del puente en decúbito supino y prono.
Dos consecuencias prácticas. La primera: al tratarse de una comparación tomada en un único momento, no puede decir si la debilidad viene antes que el dolor o es el resultado de meses en los que has evitado cargar esa pierna. La segunda: si la debilidad es general en toda la cadera, insistir solo en la abducción tiene poco sentido.
El punto incómodo: no sabemos qué programa es el mejor
Esta es la parte que normalmente no encuentras en los artículos sobre la trocanteritis, y sin embargo cambia la forma de trabajar.
Un ensayo aleatorizado comparó, en 94 mujeres posmenopáusicas con síndrome doloroso del trocánter mayor, un programa específico de carga de los glúteos de 12 semanas frente a un programa de ejercicios simulados. Ojo a lo que significa: el grupo de control no estaba quieto, también hacía ejercicios, simplemente no pensados para cargar los glúteos. Y todas las participantes, en ambos grupos, recibían la misma educación: cómo evitar la compresión del tendón y cómo modificar las actividades cotidianas. En el análisis por intención de tratar, entre los dos programas no surgió ninguna diferencia. Sin embargo, ambos grupos mejoraban de forma significativa a las 12 y a las 52 semanas. Solo mirando a quienes habían respondido al tratamiento, el programa específico resultaba superior, lo que sugiere la existencia de un subgrupo que se beneficia, no que el ejercicio concreto funcione para todos.
La lectura más honesta es esta: qué ejercicio eliges importa menos de lo que se cuenta. De aquí surge la hipótesis de que pese sobre todo el elemento común a los dos grupos, es decir, la educación en la gestión de la carga, pero sigue siendo una hipótesis, porque en ninguno de los estudios citados aquí la educación por sí sola se ha puesto a prueba frente al paquete completo, y el paquete que en el LEAP batió a la espera incluía también el ejercicio. Lo que se deduce en la práctica es que la gestión de la carga no hay que tratarla como un complemento: es también la parte que puedes corregir desde hoy, cada día, sin aparatos.
La primera intervención: quitar la compresión
Antes incluso de fortalecer, se deja de comprimir. Esta parte no tiene un estudio específico que la valide por sí sola, pero se deriva directamente del modelo mecánico y es la que, en mi experiencia, da el alivio más rápido para dormir.
De noche. Es la parte que más pesa, y la trato en detalle más abajo.
De pie. Quedarse quieto apoyando todo el peso sobre un lado, con la pelvis desplazada hacia el costado, es una posición de aducción mantenida. Vale también para quien trabaja de pie: alterna, y mantén los pies a la anchura de las caderas.
Sentado. No cruces las piernas ni las mantengas apretadas una sobre otra. Las sillas demasiado bajas y los sofás blandos que hacen que las caderas se hundan por debajo del nivel de las rodillas empeoran el cuadro.
En el movimiento. Reduce temporalmente lo que reproduce el dolor: correr, escaleras repetidas, paseos largos cuesta abajo, zancadas profundas. Reposo relativo, no absoluto: se mantiene el movimiento con lo que no duele.
Cómo dormir con la bursitis trocantérea
Para casi todos es el síntoma que decide el día: el dolor que despierta en cuanto te giras sobre ese costado. La lógica es la misma de la sección anterior, cualquier posición que lleve el muslo hacia la línea media comprime el tendón, aplicada a las horas en las que no puedes controlar cómo te mueves.
No sobre el lado doloroso. Es la regla principal y la más sencilla. Dormir sobre el lado que duele aplasta el tendón entre el hueso y el colchón durante horas.
Sobre el otro lado, pero con un cojín. Es el error más común: te giras hacia el lado sano y duermes igual de mal. El motivo es que la pierna de arriba, la que duele, cae hacia delante y hacia abajo, es decir, justamente en aducción, y recrea la compresión que querías evitar. Hace falta un cojín lo bastante grueso como para mantener muslo y tobillo alineados con la cadera, no solo metido entre las rodillas: si los tobillos siguen cruzados, el trabajo está hecho a medias.
Boca arriba, si puedes. Es la posición que más descarga. Un cojín bajo las rodillas quita tensión a la zona lumbar y ayuda a mantenerte en ella.
El colchón importa menos de lo que se dice. Un colchón demasiado duro aumenta la presión sobre el trocánter mayor y empeora el síntoma, pero cambiarlo rara vez resuelve por sí solo: primero se ajustan la postura y el cojín, que no cuestan nada.
Si te despiertas de todos modos. En las fases agudas ocurre, y no significa que estés empeorando. Conviene no quedarse en la cama dando vueltas durante horas: levantarse, caminar un minuto y volver a acostarse del otro lado interrumpe el círculo mejor que insistir.
Si el dolor nocturno de cadera es tu síntoma principal, lo hemos contado en detalle en dolor de cadera por la noche: causas, remedios y cómo dormir mejor.
Los ejercicios
El núcleo del programa es el fortalecimiento progresivo de los abductores de cadera, glúteo medio y menor. Es el ingrediente que aparece en los estudios. Los ejercicios concretos con los que se entrena son, en cambio, práctica clínica habitual, no una lista copiada de una investigación, y deben adaptarse a lo irritable que esté el tendón.
Fase inicial: isometría. Contracciones mantenidas sin movimiento, en posiciones neutras de la cadera, son la forma habitual de empezar cuando el tendón está sensible: permiten cargar sin atravesar los rangos compresivos. Un ejemplo sencillo es empujar el lateral de la pierna contra una pared estando de pie, o contra un cojín tumbado boca arriba.
Puente de glúteos. Tumbado boca arriba, con las rodillas flexionadas y los pies a la anchura de las caderas, levanta la pelvis contrayendo los glúteos sin arquear la espalda. Se tolera bien porque la cadera nunca entra en aducción.
Abducción tumbado de lado. Sobre el lado sano, levanta la pierna de arriba manteniendo la alineación. La regla práctica: no dejes que la pierna baje por debajo de la línea del cuerpo al final del movimiento, porque ahí es donde se comprime. El clamshell, con las caderas apiladas y los pies juntos que abren la rodilla superior, es la variante más usada como primer paso.
Paseos laterales con goma. Goma sobre las rodillas o en los tobillos, pasos laterales manteniendo la pelvis estable y sin dejar que la rodilla colapse hacia dentro. Añaden un componente de carga.
Trabajo sobre una pierna. Sentadillas parciales, subidas a un escalón bajo, step down controlados: aquí no importa el número de repeticiones sino la calidad, es decir, que la pelvis no se incline hacia un lado y que la rodilla no caiga hacia dentro. Es el gesto que repites miles de veces al caminar, así que es el que merece la pena entrenar bien.
El criterio de progresión, cuando se trabaja con un tendón, es el comportamiento del dolor: una molestia contenida durante el ejercicio que desaparece en las horas siguientes es aceptable; un dolor que aumenta al día siguiente indica que la carga era excesiva. Si quieres el razonamiento general sobre cómo se carga un tendón, lo he explicado en el artículo sobre la tendinopatía y el tratamiento basado en la evidencia; si buscas el cuadro específico del tendón más implicado, está el artículo sobre la tendinitis del glúteo medio.
Bursitis trocantérea: los ejercicios que hay que evitar
Hay un hilo que une toda la lista, y es uno solo: la aducción de cadera, es decir, llevar el muslo hacia la otra pierna o más allá. Es la posición en la que los tendones glúteos se comprimen contra el trocánter, y es exactamente la que recomiendan la mayoría de las fichas.
Por tanto, conviene dejar a un lado:
- el estiramiento de la cintilla iliotibial con la pierna dolorosa cruzada por detrás de la otra y la pelvis empujada hacia el costado;
- el estiramiento del piriforme llevando la rodilla hacia el hombro contrario;
- la abducción tumbado de lado dejando que la pierna baje por debajo de la línea del cuerpo al final del movimiento: es el momento compresivo, y basta con parar antes;
- los paseos laterales con una goma demasiado dura, donde la pelvis cede hacia un lado en cada paso;
- estar de pie con el peso sobre una sola pierna, cruzar las piernas sentado, dormir sobre el lado doloroso.
Ninguno de estos se ha estudiado como factor que empeore el cuadro; lo digo más abajo, con el asterisco que merece. Pero todos son gestos que llevan la cadera a la posición que el modelo mecánico señala como compresiva, y para ninguno existe una prueba de beneficio: motivo suficiente para no ponerlos en el centro del programa.
Estiramientos: aquí la guía clásica se equivoca
Prácticamente cada ficha que encontrarás en internet sobre la bursitis trocantérea incluye el estiramiento de la cintilla iliotibial y del piriforme. Y es, con toda probabilidad, el consejo menos defendible de todos.
El motivo es la coherencia interna. El estiramiento clásico de la cintilla se hace cruzando la pierna dolorosa por detrás de la otra y empujando la pelvis hacia el costado; el estiramiento clásico del piriforme se hace llevando la rodilla hacia el hombro contrario. Son dos posiciones de aducción de cadera, exactamente lo que el modelo mecánico señala como la posición que comprime los tendones glúteos contra el trocánter. El mismo artículo que te dice que no cruces las piernas te pide luego que mantengas la cadera cruzada treinta segundos en nombre del estiramiento.
Soy honesto sobre el nivel de la prueba: no existe ningún estudio que demuestre que estos estiramientos empeoren el síndrome doloroso del trocánter mayor. Pero tampoco existe uno que demuestre que lo mejoren, y en las revisiones sobre tratamientos conservadores el estiramiento no aparece entre las intervenciones que se han probado. Tenemos, por tanto, una intervención sin pruebas a favor y con un motivo teórico para sospechar lo contrario.
Cómo usar esta información: no poner el estiramiento en el centro del programa y, sobre todo, no insistir si provoca dolor justo en el punto que duele. Si la cadera te parece rígida, se trabaja la movilidad activa en rangos no compresivos y los músculos, no tirando del muslo a través de la línea media. El trabajo que cuenta aquí es la carga progresiva.
Hielo y antiinflamatorios
El hielo aparece en todas las fichas sobre la bursitis trocantérea, en coherencia con la idea de que hay una inflamación de la bolsa que apagar. En las revisiones sobre tratamientos conservadores de esta afección, sin embargo, las intervenciones que se han estudiado de verdad son infiltraciones, ondas de choque, ejercicio en casa y plantillas: el hielo y los antiinflamatorios orales no tienen pruebas específicas.
El reverso de la moneda, que conviene recoger: la revisión ortopédica sobre las bursitis más comunes afirma que la mayoría de los pacientes responde a un tratamiento no quirúrgico hecho precisamente de hielo, modificación de las actividades y antiinflamatorios. Es una recomendación de práctica clínica en un artículo de síntesis, no el resultado de un estudio controlado sobre la bursitis trocantérea, y hay que valorarla por lo que es: dice que estos remedios son de uso común y razonables, no que se hayan medido y encontrado eficaces en esta afección.
La forma sensata de leerlo no es tirar la bolsa de hielo. Es entender qué esperas de ella: si después de veinte minutos de hielo sientes menos dolor y duermes mejor, es un analgésico, y está muy bien así. No es la cura, y sobre todo no es lo que cambia el estado del tendón. Lo mismo vale para un antiinflamatorio tomado durante unos días en la fase más aguda, que en cualquier caso es una decisión que se toma con el médico y no una automedicación sin límite de tiempo.
La infiltración de cortisona
Funciona a corto plazo, y sería deshonesto negarlo. Una revisión sistemática sobre los tratamientos conservadores del síndrome doloroso del trocánter mayor, que incluyó ocho estudios con 696 pacientes, encontró que la infiltración de cortisona mostraba resultados superiores en el dolor hasta tres meses frente al ejercicio en casa, las ondas de choque radiales y los cuidados habituales. En la misma revisión, el único estudio con bajo riesgo de sesgo es el que mostró que guiar la inyección con fluoroscopia no aporta ningún beneficio.
Pero hay que prestar atención a cómo encajan las dos evidencias, porque es el punto más interesante de toda la cuestión. En la revisión, el comparador perdedor era el ejercicio en casa: un solo estudio, del que los propios autores dicen que las pruebas son limitadas. En el ensayo del BMJ, donde el ejercicio estaba guiado por un fisioterapeuta en catorce sesiones, el resultado se invierte y el ejercicio supera a la infiltración ya a las ocho semanas. Hay que decir que no se trata de una comparación directa: son estudios distintos, con pacientes distintos, y nadie ha puesto frente a frente el ejercicio supervisado y el ejercicio en casa en la misma población. La hipótesis más razonable para explicar el vuelco es que lo que marca la diferencia no es el ejercicio en sí sino la supervisión y la progresión de la carga; sigue siendo una hipótesis, no un resultado medido.
La infiltración tiene, por tanto, un papel, pero es el de abrir una ventana de menos dolor en la que se vuelve posible trabajar. No es un tratamiento causal: actúa sobre el síntoma, no sobre la capacidad de carga del tendón. Conviene recordar también que entre los límites reconocidos de las infiltraciones está el posible debilitamiento del tendón: es uno de los motivos por los que el metaanálisis sobre ondas de choque busca alternativas. Pero aquí hay que ser precisos sobre lo que está documentado y lo que no: la observación citada por la revisión ortopédica sobre las bursitis se refiere a otra zona, es decir, a la inyección de esteroide en la bolsa retrocalcánea, que puede alterar las propiedades biomecánicas del tendón de Aquiles. No es una prueba recogida en los tendones glúteos, y no debe venderse como tal, pero es un motivo suficiente para no tomarse a la ligera las inyecciones repetidas.
Ondas de choque
Un metaanálisis de 2024 reunió ocho estudios aleatorizados con 754 pacientes sobre las ondas de choque extracorpóreas en esta afección. El resultado: una ventaja significativa en el dolor frente a los otros tratamientos entre las semanas dos y cuatro meses (diferencia media estandarizada −0,431, intervalo de confianza del 95% de −0,82 a −0,039), con una heterogeneidad muy alta entre los estudios. En la función, la mejoría a los seis meses era estadísticamente significativa pero no superaba el umbral mínimo de relevancia clínica. Las ondas de choque focales resultaron más eficaces que las radiales.
Hay que leerlo con la cautela que recomiendan los propios autores: siete de los ocho estudios incluidos se consideraron de alto riesgo de sesgo. La conclusión razonable es que un ciclo de tres sesiones, una por semana, puede dar un alivio a corto plazo y complementar el proceso, pero no sustituirlo.
Cuánto tarda
No tengo una cifra fiable que darte, y desconfiaría de quien te la dé con precisión decimal. Lo que se puede decir es qué midieron los estudios: el programa del ensayo principal duraba ocho semanas, con mediciones a las ocho y a las cincuenta y dos semanas, y ya a las ocho semanas la mayoría de las personas del grupo de ejercicio refería una mejoría relevante.
Hay dos datos que conviene tener juntos, porque moderan tanto el pesimismo como las promesas. El primero: al cabo de un año, en el grupo de ejercicio referían éxito el 78% de quienes llegaron al final del estudio (51 de 65), lo que significa que aproximadamente una de cada cinco personas no había mejorado de forma satisfactoria ni siquiera con el mejor tratamiento disponible. El segundo: en el grupo que no había hecho nada, a las 52 semanas referían mejoría algo más de la mitad de quienes llegaron al final (31 de 60). El tiempo, por sí solo, hace parte del trabajo; pero lo hace más despacio y peor.
El criterio práctico sigue siendo el comportamiento del dolor a lo largo de las semanas, no el calendario.
Y la cirugía
En la bursitis trocantérea la cirugía sigue reservada a los casos que no responden al tratamiento conservador, y es una eventualidad rara. No encontrarás aquí un umbral en meses a partir del cual operar, porque ese umbral no lo establecen los estudios: las revisiones describen la cirugía como opción para los casos refractarios, sin indicar un plazo preciso. Es una decisión que se toma con el especialista tras un proceso conservador llevado en serio, es decir, supervisado y progresivo, no tras unas semanas de ejercicios hechos al azar.
Fisioterapia online
Esta afección se presta bien a la gestión a distancia, y no es una frase de cortesía: lo que funcionó en el ensayo del BMJ era educación en la gestión de la carga más ejercicio supervisado, y ambas cosas se hacen perfectamente en videollamada. La parte educativa (entender qué posiciones comprimen, cómo dormir, cómo ajustar tu puesto de trabajo, qué esperar del dolor durante los ejercicios) es la mitad del trabajo. La otra mitad es verte mientras ejecutas, corregir el apoyo sobre una pierna y subir la carga cuando toca, no cuando te acuerdas.
Lo que de verdad hace falta es la continuidad: ser acompañado en las semanas en las que la progresión hay que ajustar, que es precisamente la variable que separa los resultados del ejercicio supervisado de los de la hoja de ejercicios entregada y olvidada. Las sesiones de fisioterapia online en Ri-Hub cuestan 29,90 euros.
En resumen
La llamada bursitis trocantérea casi nunca es una bursitis: es una tendinopatía de los glúteos, y el nombre correcto es síndrome doloroso del trocánter mayor. De este cambio de perspectiva se deriva todo lo demás.
Lo que tiene las mejores pruebas es menos espectacular que la lista de remedios que circula por ahí: reducir las posiciones que comprimen el tendón (dormir sobre el lado doloroso, cruzar las piernas, apoyar el peso sobre un lado) y fortalecer progresivamente los abductores de cadera con una supervisión real. La infiltración ayuda durante unos meses pero no cambia la capacidad de carga. Las ondas de choque dan un alivio a corto plazo sobre pruebas frágiles. El hielo y los antiinflamatorios son analgésicos. Los estiramientos de la cintilla y del piriforme, que casi todos recomiendan, no tienen pruebas a favor y colocan la cadera justamente en la posición que se intenta evitar.
Si llevas meses haciendo lo equivocado con mucha constancia, no te falta disciplina: te falta la palanca adecuada.
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Las formas profundas como esta son las más difíciles de encuadrar y a menudo se reconocen con retraso: el cuadro general está en Bursitis: causas, síntomas y remedios.
Fuentes
- Education plus exercise versus corticosteroid injection use versus a wait and see approach on global outcome and pain from gluteal tendinopathy: prospective, single blinded, randomised clinical trial, BMJ, 2018
- Exercise compared to a control condition or other conservative treatment options in patients with Greater Trochanteric Pain Syndrome: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials, Physiotherapy, 2024
- Gluteal Tendinopathy: Integrating Pathomechanics and Clinical Features in Its Management, Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy, 2015
- Gluteal Tendinopathy: A Review of Mechanisms, Assessment and Management, Sports Medicine, 2015
- Conservative treatments for greater trochanteric pain syndrome: a systematic review, British Journal of Sports Medicine, 2017
- Extracorporeal Shockwave Therapy for Greater Trochanteric Pain Syndrome: A Systematic Review with Meta-Analysis of Randomized Clinical Trials, JBJS Reviews, 2024
- Lateral hip pain: findings from magnetic resonance imaging and clinical examination, Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy, 2008
- Four common types of bursitis: diagnosis and management, Journal of the American Academy of Orthopaedic Surgeons, 2011
- Exercise and load modification versus corticosteroid injection versus 'wait and see' for persistent gluteus medius/minimus tendinopathy (the LEAP trial): a protocol for a randomised clinical trial, BMC Musculoskeletal Disorders, 2016
Última verificación de las fuentes: agosto de 2026.
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