Gravidanza e post parto

Dolor de Espalda tras el Parto: Causas y Remedios

Revisione clinica: Daniele Carretto, Fisioterapista (Albo 2019) · Pubblicato il 4 giugno 2025

Una donna esegue la posizione del ponte yoga su un tappetino in casa, dimostrando flessibilità e forza.
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Dolor de espalda tras el parto: el bebé ya ha nacido, la barriga ha desaparecido, y la espalda sigue doliendo como antes o incluso más. Al buscar una explicación casi siempre encuentras las mismas dos: son las hormonas del embarazo las que mantienen los ligamentos flojos, y es la diástasis abdominal la que ha dejado la columna sin sostén. Conviene decirlo enseguida, porque cambia lo que tiene sentido hacer: ninguna de las dos, mirada en los estudios, se sostiene como se cuenta. Lo que sí se sostiene, con evidencia de certeza moderada, es lo más aburrido y menos viral: entrenar los músculos del tronco reduce de verdad el dolor.

Este artículo reúne las dos cosas: qué dice la investigación sobre el dolor de espalda tras el parto y qué hacer a la mañana siguiente. Las indicaciones prácticas sobre cómo levantar al bebé, cómo amamantar sin quedarte encorvada durante cuarenta minutos y cómo organizar el cambiador siguen siendo válidas: simplemente no han sido demostradas por un ensayo aleatorizado, son sentido común sobre la carga. Las presento tal cual son, y distingo con claridad cuándo cito una prueba y cuándo doy un consejo razonado.

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Antes de nada: cuándo no se empieza por los ejercicios

El dolor lumbar tras el parto casi siempre es un problema musculoesquelético, pero el periodo inmediatamente posterior al nacimiento es también el único momento de la vida en que una espalda dolorida puede esconder infecciones, complicaciones de la anestesia o fragilidad ósea. Por eso las señales de alarma deben leerse antes que los ejercicios, no después.

Ve a urgencias, o llama al médico de inmediato, si tienes:

  • Fiebre junto con dolor de espalda. Hay que descartar un problema infeccioso, desde la infección del útero tras el parto hasta la de las vías urinarias que sube a los riñones.
  • Debilidad, entumecimiento u hormigueo persistente en las piernas, sobre todo si empeoran en cuestión de horas o días.
  • Pérdida de control de la vejiga o del intestino, o pérdida de sensibilidad en la zona que apoya en el asiento de la bicicleta. Es una emergencia neurológica a cualquier edad y en cualquier condición.
  • Dolor, enrojecimiento o hinchazón en el punto donde se puso la epidural o la espinal, en particular si va acompañado de fiebre o de un dolor de cabeza violento al ponerte de pie.
  • Dolor insoportable que no cambia en ninguna postura, que te despierta regularmente por la noche y no responde ni al reposo ni al movimiento suave. Entre las causas raras pero descritas en este periodo está la fractura vertebral vinculada a la osteoporosis asociada al embarazo y a la lactancia. Una revisión sistemática que reunió todos los casos publicados entre 1990 y 2020 encontró 338 en 65 artículos: es, por tanto, una afección rara, el dolor de espalda es el síntoma con el que se presenta, y en el 91,5% de los casos el dolor aparece entre los últimos 3 meses de embarazo y los primeros 3 tras el parto, más a menudo en la primera gestación y en la zona de paso entre la dorsal y la lumbar. Raro no significa inexistente: es la razón por la que un dolor dorsal o lumbar alto, repentino y muy intenso no debe manejarse en casa.
  • Ardor o dolor al orinar, sangre en la orina, dolor en el costado.

Hay que consultarlo con un profesional, sin urgencia pero sin dejarlo para más adelante: la incontinencia urinaria o fecal que continúa más allá de las primeras semanas, la sensación de peso o presión vaginal, y el dolor que, tras un par de meses de ejercicio constante, no se ha movido ni un milímetro o está empeorando.

Lo que está demostrado y lo que no

Lo que se puede hacer de verdad en las primeras semanas está en el primer mes después del parto; y sobre la vuelta al trabajo, cuando cambian los días, está volver al trabajo después del parto.

Sobre el dolor de espalda tras el parto circulan tres afirmaciones con el mismo tono de certeza, pero con bases muy distintas.

Que el ejercicio reduce el dolor: demostrado, y es la buena noticia. Una revisión sistemática con metaanálisis publicada en el British Journal of Sports Medicine reunió 37 estudios realizados en 15 países con 3.769 participantes en el primer año tras el parto. Con evidencia de certeza moderada, las intervenciones de solo ejercicio (incluidos varios ejercicios de fortalecimiento de los músculos del tronco) redujeron la intensidad del dolor lumbopélvico más que no hacer ejercicio: la diferencia media es de 2,21 puntos en una escala visual analógica de 0 a 10 (4 ensayos aleatorizados, 210 participantes), con un efecto amplio también sobre la discapacidad relacionada con el dolor (6 ensayos aleatorizados, 296 participantes). Dicho de otro modo: quien entrena está medible y notablemente mejor que quien espera. No significa «dolor cero», significa una ganancia real y lo bastante grande como para notarse en el día a día.

Que la culpa es de la relaxina: no demostrado. Una revisión sistemática buscó la asociación entre los niveles de relaxina y el dolor del cinturón pélvico relacionado con el embarazo: de 731 referencias identificadas, 6 estudios cumplían los criterios, y entre los 4 evaluados de alta calidad, nada menos que 3 no encontraron ninguna asociación. La conclusión de los autores es que el nivel de evidencia de esta relación es bajo. Hay que añadir una precisión importante: esos estudios midieron la relaxina durante el embarazo, no después del parto. La versión más extendida de la historia (que la hormona permanece en circulación durante meses tras el nacimiento, y todavía más si amamantas, manteniendo los ligamentos flojos) no ha sido desmentida por esta revisión simplemente porque nunca se ha puesto a prueba. En resumen: la laxitud hormonal es una explicación elegante que circula desde hace décadas, pero es una hipótesis no demostrada, no un mecanismo establecido, y sobre todo es una explicación que no te da nada que hacer, mientras que las causas modificables dan para mucho.

Que la culpa es de la diástasis: no demostrado, o al menos mucho más débil de lo que se cuenta. Una revisión sistemática de 12 estudios con 2.242 participantes no encontró una asociación significativa entre la presencia de diástasis de los rectos y el dolor lumbopélvico, ni con la incontinencia. En la misma dirección va una cohorte prospectiva de 300 mujeres primerizas seguidas hasta un año después del parto: las que tenían diástasis y las que no la tenían referían la misma cantidad de dolor lumbopélvico.

Por honestidad hay que decir también lo demás de esa revisión, que no está toda a favor de esta lectura: se encontró una pequeña asociación entre la presencia de diástasis y el prolapso de los órganos pélvicos, y la amplitud de la separación (no su mera presencia) podría estar ligada a la gravedad del dolor lumbar, además de a una menor fuerza abdominal y a una peor calidad de vida. Los autores califican de débiles todas estas pruebas, y los métodos para medir la diástasis variaban mucho de un estudio a otro. Así que la lectura correcta no es «la diástasis no cuenta para nada», sino: su presencia no explica tu dolor de espalda, mientras que una separación muy amplia es un elemento que hay que valorar junto con el resto.

¿Cómo se usa de todos modos esta información? De dos maneras muy concretas. Primera: si tienes diástasis, no es automáticamente la explicación de tu dolor de espalda tras el parto, y pasar meses «cerrándola» con la esperanza de que el dolor se vaya como consecuencia es una apuesta. Segunda: como lo que funciona es el entrenamiento progresivo del tronco, el tiempo se invierte ahí, en la fuerza y el control, no en la caza del milímetro de separación.

Donna che allatta il bambino all'aperto in una giornata di sole, mostrando cura e amore.

Por qué duele la espalda después del parto

Descartadas las dos explicaciones que no se sostienen, quedan los factores que tienen sentido mecánico y sobre los que se puede intervenir.

La carga ha cambiado de golpe, la fuerza no. Durante el embarazo los abdominales se alargan progresivamente y pierden capacidad para generar tensión, y el acondicionamiento general casi siempre disminuye. Tras el parto el peso de la barriga desaparece en un día, pero llega una carga nueva y repetida: levantar, sostener en brazos, amamantar, inclinarse sobre el cambiador, llevar la sillita del coche. Una exigencia alta impuesta a un sistema temporalmente menos entrenado es la explicación más sencilla y más útil del dolor de espalda tras el parto.

Posturas estáticas muy largas. Amamantar no duele por la posición en sí, sino por la duración: permanecer veinte, treinta o cuarenta minutos en la misma postura flexionada, varias veces al día, sin que nada se mueva, es exactamente la condición en la que los tejidos empiezan a protestar.

El dolor que ya había durante el embarazo. Es el factor pronóstico más concreto. Un estudio prospectivo con 288 mujeres primerizas con parto vaginal describió las trayectorias del dolor del tronco: entre quienes tenían dolor en las tres zonas durante el embarazo (dorsal, lumbar y cinturón pélvico), el 34% seguía teniéndolo en las tres a las 6-10 semanas del parto, y solo el 13% no tenía dolor. Quien llega al parto con más zonas dolorosas tiene menos probabilidades de que todo se resuelva solo, y más razones para empezar pronto un recorrido en lugar de esperar.

El sueño fragmentado. No es un comentario de consuelo. En un estudio transversal con 120 mujeres que habían tenido dolor lumbopélvico durante el embarazo, a los 4 meses del parto el dolor persistía en 45 de ellas (37,5%), y el trastorno del sueño se asociaba a la persistencia del dolor incluso tras ajustar por edad, índice de masa corporal, paridad y antecedentes de dolor antes del embarazo (odds ratio 2,98; intervalo de confianza del 95% de 1,31 a 6,75). Es una asociación, no una relación causal demostrada, y en esta etapa el sueño no está del todo bajo tu control. Pero explica por qué la misma carga duele mucho más en una semana mala, y por qué «duerme cuando duerma el bebé» es un consejo clínico y no un dicho.

El suelo pélvico. Trabaja en sinergia con los abdominales y el diafragma en el control del tronco, y el embarazo y el parto lo ponen a prueba. Ojo, sin embargo, con lo que está probado: como veremos, su entrenamiento tiene pruebas sólidas para la incontinencia, no para el dolor de espalda.

Un consejo importante: antes de probar estos ejercicios, asegúrate de haber recibido un diagnóstico correcto. A menudo se cree tener un problema, pero la causa real del dolor es otra. Hacer ejercicios equivocados puede empeorar la situación en lugar de mejorarla.

Cuánto dura

Sobre la duración del dolor de espalda tras el parto, las cifras honestas son menos tranquilizadoras que los eslóganes, y más útiles. En el estudio prospectivo con las 288 primerizas, el 94% refería dolor del tronco durante el embarazo y el 75% seguía refiriéndolo a las 6-10 semanas del parto; en concreto, en ese control el dolor lumbar afectaba al 52% de las mujeres y el del cinturón pélvico al 41%. Son porcentajes altos: que sigas doliéndote dos meses después no es una anomalía y no es culpa de algo que hayas hecho mal.

En la misma cohorte, sin embargo, también se ve el movimiento en la dirección opuesta: entre las mujeres que durante el embarazo tenían dolor lumbar y del cinturón pélvico a la vez (el 32% del total), a las 6-10 semanas el 20% ya no tenía ningún dolor y el 18% seguía con ambos. El cuadro cambia, para mejor en muchos casos. Lo que ningún estudio autoriza a decir es una fecha de caducidad: quien te prometa «seis semanas y listo» se lo está inventando. La variable sobre la que puedes actuar no es el calendario, sino lo que haces mientras tanto.

Ejercicios de control y fortalecimiento del tronco

Este es el capítulo con las mejores pruebas. Las indicaciones de repeticiones que aparecen más abajo son puntos de partida razonables, no un protocolo validado: el criterio real es que el ejercicio no aumente el dolor y que la progresión sea gradual.

Activación del transverso abdominal. Tumbada boca arriba con las rodillas flexionadas, lleva suavemente el ombligo hacia la columna, como si quisieras abrochar unos vaqueros un poco ajustados, sin aplanar del todo la zona lumbar contra el suelo. Mantén la activación unos diez segundos respirando con normalidad y luego suelta por completo. Es el ejercicio básico para recuperar el control profundo. Orientativamente, de 10 a 15 repeticiones, incluso varias veces al día.

Respiración diafragmática coordinada. Siempre tumbada, inspira dejando que el abdomen y las costillas se expandan lateralmente y luego espira despacio activando el transverso. Coordinar la respiración con la activación profunda es la base sobre la que se apoya todo lo demás, y es lo más fácil de meter en un día caótico. Unas diez respiraciones cada vez.

Puente de glúteos. Boca arriba, con las rodillas flexionadas y los pies a la anchura de las caderas, activa el transverso y luego eleva la pelvis contrayendo los glúteos. En las primeras semanas no hace falta subir mucho: incluso unos pocos centímetros ya son carga. Es uno de los ejercicios más útiles porque entrena a la vez los glúteos y los extensores del tronco, que son los músculos que más pagan durante este periodo. Unas 10 a 15 repeticiones.

Deslizamiento de talones (heel slides). Boca arriba con las rodillas flexionadas, activa el transverso y desliza lentamente un talón por el suelo estirando la pierna, manteniendo la zona lumbar quieta sin que se arquee. Devuelve la pierna a su sitio y cambia de lado. Es el primer ejercicio en el que el tronco tiene que resistir un movimiento de las extremidades, es decir, hacer su trabajo. Unas 10 repeticiones por pierna.

Bird-dog progresivo. A cuatro patas con la espalda en posición neutra, activa el tronco y estira solo una pierna cada vez manteniendo la pelvis quieta, sin rotaciones. Cuando esto resulte fácil y estable, añade el brazo opuesto. Unas 8 a 10 repeticiones por lado.

Cat-cow lento. A cuatro patas, alterna el redondeo de la espalda hacia arriba y la ligera extensión hacia abajo, siguiendo la respiración. No fortalece, pero quita rigidez y da alivio, y es una buena forma de empezar o terminar la sesión. 10 a 15 repeticiones muy lentas.

Una nota sobre la progresión, porque es la parte que suele faltar. Los estudios que mostraron la reducción del dolor utilizaban programas de fortalecimiento, no solo activaciones suaves repetidas durante meses. Las activaciones son el inicio: cuando las haces sin esfuerzo, el paso siguiente es añadir carga y complejidad, como el puente a una pierna, los ejercicios de pie y los movimientos que se parezcan a levantar a un bebé del suelo. Quedarse para siempre en el nivel uno es la razón más común por la que un programa deja de dar resultados.

Suelo pélvico: qué está probado y qué no

Aquí la distinción importa, porque por ahí estos dos temas se venden juntos. La revisión sistemática con metaanálisis sobre el ejercicio en el primer año tras el parto, que incluyó 65 estudios con 21.334 participantes, muestra con certeza moderada que entrenar los músculos del suelo pélvico reduce un 37% la probabilidad de incontinencia urinaria (7 ensayos aleatorizados, 1.930 participantes) y un 56% la de prolapso de los órganos pélvicos, este último sin embargo basado en un solo ensayo aleatorizado con 123 participantes. Son resultados importantes y una excelente razón para hacerlo. Conviene conocer también el límite: sobre la gravedad de los síntomas, y no sobre el riesgo de tenerlos, la misma revisión considera que las pruebas siguen siendo limitadas.

Lo que esas pruebas no dicen es que el trabajo del suelo pélvico haga desaparecer el dolor de espalda tras el parto. Es una hipótesis razonable en cuanto al control del tronco, pero no un dato. Así que: entrena el suelo pélvico por la continencia y por la función, y entrena el tronco por el dolor. Que en la práctica se hagan juntos está muy bien, basta con saber qué esperas de cada cosa.

Cómo se hace. Contrae los músculos del suelo pélvico, como si quisieras retener gases o interrumpir el chorro de orina, pero sin acostumbrarte a practicarlo de verdad mientras orinas. Mantén la contracción unos segundos y luego relaja por completo. La relajación importa tanto como la contracción. Tras un parto vaginal, en general se puede empezar pronto, con el visto bueno de quien te sigue. Si notas que no sientes nada, o si la contracción duele, conviene que te valoren en lugar de insistir a ciegas.

Diástasis abdominal: qué cambia de verdad

Empecemos por la frecuencia, porque ayuda a ponerla en su justa medida. En la cohorte prospectiva de 300 mujeres primerizas, la diástasis estaba presente en el 33,1% a la semana 21 de embarazo, en el 60,0% a las 6 semanas del parto, en el 45,4% a los 6 meses y en el 32,6% a los 12 meses. Es una condición frecuente, y en una proporción importante de mujeres se reduce con el tiempo. En esa misma cohorte, como se ha dicho, quienes tenían diástasis no referían más dolor lumbopélvico que quienes no la tenían.

Cómo se comprueba. Tumbada boca arriba con las rodillas flexionadas, levanta un poco la cabeza y los hombros y nota con las yemas de los dedos el espacio entre los dos rectos por encima y por debajo del ombligo. Una separación de dos dedos o más es el criterio que suele usarse para hablar de diástasis. Es un dato útil de conocer, no una sentencia.

Sobre los abdominales, la regla más repetida y menos demostrada. Un ensayo aleatorizado con 70 mujeres entre 6 y 12 meses tras el parto y con diástasis diagnosticada comparó 12 semanas de un programa en casa con head lift y abdominales, 5 días a la semana, frente a ninguna intervención. Resultado: el programa no mejoró ni empeoró la distancia entre los rectos, aumentó el grosor del recto abdominal y la fuerza abdominal, y sus efectos sobre los demás resultados (incluidos el dolor lumbar, del cinturón pélvico y abdominal) fueron insignificantes o poco claros. Por tanto, el «abdominal prohibido» no tiene ninguna prueba que lo respalde; el «abdominal que lo arregla» tampoco.

El criterio práctico que sigue siendo válido no es una lista de ejercicios prohibidos, sino la observación: si durante un esfuerzo la barriga sobresale en punta a lo largo de la línea central o se forma una cúpula evidente, en ese momento la carga es superior a la que tu pared abdominal puede contener, y conviene volver a una versión más fácil. Sobre la reducción de la distancia entre los rectos, el metaanálisis ya citado encuentra que el entrenamiento abdominal la reduce en comparación con no entrenar, pero con una certeza de la evidencia baja: esperar un cierre garantizado no es realista. Si quieres profundizar solo en este aspecto, lo he escrito en detalle en Diástasis abdominal, ejercicios: qué funciona de verdad.

Lactancia: la postura importa porque dura

Este capítulo y el siguiente son ergonomía razonada, no resultados de ensayos aleatorizados. Los incluyo porque en la práctica clínica son lo que las madres recientes refieren con más frecuencia como alivio inmediato, y porque reducen el número de horas pasadas en posiciones estáticas cargadas, que es el mecanismo sobre el que estamos trabajando.

El principio es uno solo: lleva al bebé al pecho, no el pecho al bebé. Todo lo demás se deriva de aquí.

Usa cojines para subir al bebé, no los hombros. Uno o varios cojines sobre las rodillas, o un cojín de lactancia en forma de U, llevan al pequeño a la altura adecuada sin que tengas que encorvarte. Es el ajuste individual que más cambia las cosas.

Espalda apoyada, hombros bajos, pies apoyados. Siéntate con un buen soporte lumbar, añade un cojín detrás si el sillón es demasiado profundo, mantén los hombros lejos de las orejas y los pies en el suelo o sobre un reposapiés.

Cambia de postura y de lado. Alterna la posición de cuna, el agarre por debajo del brazo y la lactancia tumbada de lado. Variar reparte la carga en lugar de concentrarla siempre en los mismos tejidos.

La posición tumbada de lado, sobre todo de noche, quita la carga sobre la columna y suele ser la que más alivio da cuando la espalda ya está irritada.

Las posturas una por una, y cómo cambiarlas tras una cesárea o con gemelos, están en posturas para amamantar.

Las actividades diarias con un recién nacido

El cambiador a la altura adecuada. Debe estar más o menos a la altura de tu ombligo. Cambiar el pañal sobre la cama o el sofá significa flexionarte decenas de veces al día con la espalda encorvada y sin apoyo: es la suma clásica de pequeñas cargas que acaba convirtiéndose en un problema grande.

Levantar al bebé. Acércate primero, pega al bebé al cuerpo, flexiona las rodillas y usa las piernas. No porque flexionar la espalda esté prohibido en absoluto (la columna está hecha para moverse), sino porque, con una carga repetida decenas de veces al día, conviene repartir el trabajo entre las caderas y las piernas en lugar de cargarlo siempre en el mismo punto.

La cuna y la cama del bebé. Baja el lateral si es posible y acércate todo lo que puedas antes de levantar. Una cuna muy profunda, o colocada junto a la cama, cambia la geometría del gesto más que cualquier ejercicio.

El transporte. Un portabebés estructurado que reparte el peso entre los hombros y la pelvis es preferible a llevar siempre al bebé sobre el mismo costado. Si usas la cadera, al menos alterna.

La silla del coche. Levantar el capazo o la sillita del coche con el bebé dentro significa levantar una carga pesada, desequilibrada y alejada del cuerpo: la peor combinación posible. Deja la base en el coche y saca al bebé por separado cuando puedas.

El descanso. Tumbarte cuando el bebé duerme no es pereza y es, dadas las asociaciones entre sueño alterado y persistencia del dolor, parte del recorrido tanto como los ejercicios.

Levantar, empujar el carrito y llevar peso encima tienen cada uno su técnica: empujar el carrito y llevar el bolso sin hacerte daño.

Cuándo empezar, según el tipo de parto

Parto vaginal sin complicaciones. Las activaciones muy suaves (respiración coordinada, activación del transverso, suelo pélvico) suelen empezarse pronto, si no provocan dolor y si quien te sigue no ha dado otras indicaciones. Para los ejercicios más exigentes, la referencia es el control posparto y el visto bueno de quien te ha seguido.

Parto vaginal con desgarros o episiotomía. Sigue las indicaciones recibidas para la cicatrización de los tejidos; los ejercicios se retoman cuando el dolor local lo permite.

Parto por cesárea. Es una intervención quirúrgica abdominal en toda regla: siempre se espera la autorización del ginecólogo y se retoma muy gradualmente. La cicatriz puede seguir siendo sensible e influir en cómo activas la pared abdominal, y conviene que te la valoren si notas que la molestia o la tensión no cambian con el tiempo.

En todos los casos el criterio es el mismo: los ejercicios no deben aumentar el dolor, y la progresión se construye sobre la tolerancia real, no sobre el calendario.

Cómo trabaja un fisioterapeuta en esto

Una valoración del dolor de espalda tras el parto sirve para responder a preguntas que tú sola no puedes resolver: dónde nace exactamente el dolor, si es lumbar o del cinturón pélvico (el manejo cambia), cuánta carga tolera la pared abdominal, cómo funciona el suelo pélvico, qué gestos cotidianos están alimentando el problema. A partir de ahí surge un programa progresivo, que es la parte que cuenta, porque es el fortalecimiento progresivo del tronco el que tiene las mejores pruebas, y que se va actualizando a medida que mejoras.

La teleoterapia encaja bien en este periodo por una razón práctica: la mayor parte del trabajo es ejercicio guiado y corrección de los gestos cotidianos, y se puede hacer desde casa sin organizar desplazamientos con un recién nacido. Si el dolor no se mueve tras un recorrido constante, o si aparece alguna de las señales enumeradas al principio, el paso siguiente es una valoración, no un ejercicio más.

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Fuentes

Última verificación de las fuentes: agosto 2026.


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Domande frequenti

¿Los ejercicios sirven realmente contra el dolor de espalda tras el parto?

Sí, y es la parte mejor documentada de todo el tema. Una revisión sistemática con metaanálisis reunió 37 estudios con 3.769 participantes en el primer año tras el parto: con evidencia de certeza moderada, los programas de solo ejercicio, incluido el fortalecimiento de los músculos del tronco, reducen la intensidad del dolor lumbopélvico en 2,21 puntos en una escala de 0 a 10 respecto a no hacer ejercicio (4 ensayos aleatorizados, 210 participantes), con una mejora amplia también de la discapacidad asociada. Es una reducción real y clínicamente útil, no la promesa de que el dolor desaparezca del todo.

¿Es la relaxina la causa del dolor de espalda después del parto?

No está demostrado. Una revisión sistemática sobre la relación entre los niveles de relaxina y el dolor del cinturón pélvico en el embarazo seleccionó 6 estudios: de los 4 considerados de alta calidad, 3 no encontraron ninguna asociación, y los autores concluyen que el nivel de evidencia de esta relación es bajo. La laxitud hormonal es una explicación popular, pero no es el motivo por el que te duele y no es algo sobre lo que puedas actuar.

¿La diástasis abdominal causa el dolor de espalda tras el parto?

La relación no se sostiene como se cuenta. Una revisión sistemática de 12 estudios con 2.242 participantes no encontró una asociación significativa entre la presencia de diástasis y el dolor lumbopélvico; la amplitud de la separación, en cambio, podría estar ligada a la gravedad del dolor lumbar, además de a la fuerza abdominal y a la calidad de vida, pero los autores califican de débiles estas pruebas. En una cohorte de 300 mujeres primerizas, las que tenían diástasis y las que no la tenían referían la misma cantidad de dolor lumbopélvico a los 12 meses del parto.

¿Debo evitar los abdominales tras el parto?

La prohibición absoluta no tiene una prueba que la respalde. En un ensayo aleatorizado con 70 mujeres con diástasis entre 6 y 12 meses después del parto, 12 semanas de head lift y abdominales realizados 5 días a la semana no empeoraron la distancia entre los rectos y aumentaron la fuerza y el grosor del recto abdominal. El criterio práctico útil no es la lista de ejercicios prohibidos, sino cómo responde tu pared abdominal: si durante el esfuerzo la barriga sobresale en punta a lo largo de la línea central, esa carga todavía es excesiva por ahora.

¿Cuándo hay que consultar de inmediato el dolor de espalda tras el parto?

Cuando hay fiebre asociada al dolor, cuando aparecen debilidad o entumecimiento en las piernas, pérdida de control de la vejiga o del intestino o anestesia en la zona de la silla, cuando el punto de la epidural está enrojecido, hinchado o muy dolorido, cuando el dolor es insoportable y no cede en ninguna postura, o cuando hay ardor al orinar. En estos casos no se empieza por los ejercicios: primero hace falta una valoración médica.

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