Cervicalgia y vértigo: quien sufre ambas cosas las vive como un único problema, y la pregunta llega siempre igual: «¿los vértigos me vienen del cuello?». La respuesta honesta es que puede ser, pero no está demostrado. Es una posibilidad clínica reconocida y, al mismo tiempo, una de las más discutidas de la medicina vestibular.
Preferimos decírtelo desde el principio en lugar de venderte una certeza que no existe. En esta guía encontrarás lo que se sabe realmente sobre la relación entre el cuello y los mareos, cómo se llega a ese diagnóstico, qué muestran los estudios sobre los tratamientos y, sobre todo, cuándo los vértigos no deben manejarse con ejercicios sino con una visita urgente.
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Antes que nada: las señales que no pueden esperar
Los vértigos son un síntoma que comparte la puerta de entrada con problemas serios. Antes de leer cualquier cosa sobre ejercicios, ten en cuenta estas situaciones: si te reconoces en alguna, el siguiente paso no es un programa de rehabilitación, sino el médico o urgencias.
- Vértigo repentino e intenso, aparecido en pocos segundos o minutos, que nunca habías tenido.
- Dolor de cabeza violento o distinto a cualquier otro que hayas tenido, sobre todo localizado en la nuca.
- Dificultad para hablar, visión doble, caída súbita de la vista.
- Debilidad, hormigueo o adormecimiento de un brazo, una pierna o medio rostro.
- Incapacidad para mantenerte de pie o caminar sin apoyo.
- Pérdida de conciencia, aunque sea breve.
- Pérdida súbita de audición, zumbido nuevo o sensación de oído taponado que aparece junto con el vértigo.
- Vértigos aparecidos después de un traumatismo en el cuello, un accidente o una manipulación cervical.
El documento de orientación interdisciplinar publicado en HNO en 2025 sitúa en primer lugar en el recorrido las «banderas rojas» de una causa potencialmente peligrosa: ante un vértigo agudo, la primera pregunta no es «¿de dónde viene?», sino «¿es peligroso?». Entre los síndromes vestibulares agudos, ese documento enumera en primer lugar el ictus, y por eso el tiempo importa.
Cervicalgia y vértigo: qué dice realmente la investigación
El cuadro del que hablamos tiene nombre: vértigo cervicogénico, es decir, mareo atribuido a un problema del cuello. El punto delicado es que su existencia como entidad autónoma sigue siendo controvertida en la literatura. No es una postura minoritaria de algún escéptico: es la conclusión de quienes han revisado la investigación disponible.
Una revisión sistemática publicada en Health Science Reports examinó 2.161 estudios para encontrar ocho que cumplieran criterios diagnósticos utilizables y un grupo de comparación: en total 225 pacientes, con una calidad metodológica de baja a aceptable. La única característica que distinguía de forma coherente a estas personas de las demás era una estabilidad reducida en la posturografía. Y el criterio diagnóstico más usado en los estudios era simplemente la presencia de dolor de cuello junto con vértigos, después de haber descartado las demás causas posibles. Los autores son explícitos: los criterios construidos por exclusión y no por signos positivos distintivos tienen probablemente una especificidad baja.
Traducido: no existe ninguna prueba que encienda una luz y diga «este viene del cuello». La relación entre cervicalgia y vértigo sigue siendo una hipótesis clínica razonable a la que se llega en último lugar, no un mecanismo probado desde el que se empieza.
Esto no significa que el tema deba descartarse. Significa que hay que usarlo de otra manera: como una pista que seguir después de haber descartado el resto, y con disposición a cambiar de opinión si el cuello no tiene nada que ver.

Los mecanismos propuestos, y hasta dónde llegan
La revisión publicada en Pain Physician en 2015 enumera varias hipótesis para explicar la relación entre cervicalgia y vértigo. No todas tienen el mismo peso.
La propiocepción del cuello: una de las hipótesis que siguen en pie
El cuello está lleno de receptores que informan al cerebro sobre la posición de la cabeza. Esa señal se compara de forma continua con la del oído interno y con la de los ojos. Si la señal cervical está alterada (por dolor, tensión, rigidez o traumatismo), la comparación no cuadra y el resultado subjetivo es inestabilidad, cabeza ligera, sensación de desequilibrio. Según esa revisión, es una de las dos hipótesis que han sobrevivido a la prueba del tiempo (la otra es la compresión de la arteria vertebral en rotación, que se refiere a un cuadro raro, véase más abajo), y es la compatible con el dato de la posturografía alterada. Es también la única para la que los mismos autores recomiendan la terapia manual.
La compresión de la arteria vertebral: real, pero rara
Es la explicación que más se lee en internet, y hay que ponerla en su sitio. Las arterias vertebrales sí pasan por los orificios de las vértebras cervicales, y su compresión durante la rotación de la cabeza puede causar vértigo. Pero en las revisiones de la literatura este cuadro se describe como una entidad rara, y para confirmarlo se necesitan exploraciones vasculares específicas: angio-RM, angio-TC o angiografía digital. No es lo que le pasa a la gran mayoría de las personas con cuello rígido y mareos.
El síndrome de Barré-Liéou y la forma migrañosa
El primero, ligado al sistema nervioso simpático cervical, estuvo mucho tiempo desacreditado y solo recientemente ha sido rehabilitado en parte; la segunda se refiere al territorio fronterizo con la migraña vestibular. Son hipótesis aún en discusión: nombrarlas sirve para que entiendas que el campo está abierto, no para darte un diagnóstico.
La tensión muscular y los puntos gatillo
Es la observación clínica más común y la menos documentada. Los músculos del cuello cronicamente contraídos (esternocleidomastoideo, trapecio superior, suboccipitales) pueden alterar la calidad de la señal propioceptiva. Es plausible y a menudo se encuentra en consulta, pero no se ha demostrado como causa directa del vértigo.
Un consejo importante: antes de probar estos ejercicios, asegúrate de haber recibido un diagnóstico correcto. A menudo se cree tener un problema, pero la causa real del dolor es otra. Hacer ejercicios equivocados puede empeorar la situación en lugar de mejorarla.
Cómo se llega al diagnóstico: por exclusión
Como no existe una prueba positiva, el vértigo cervicogénico se diagnostica descartando las demás causas. Las principales que hay que quitar de en medio antes son:
- Vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), el de los famosos «cristalitos» del laberinto. Es una de las causas más frecuentes en general y es la primera que hay que buscar, porque tiene maniobras diagnósticas y terapéuticas específicas y eficaces. Da crisis breves y giratorias desencadenadas por movimientos concretos de la cabeza: darse la vuelta en la cama, mirar hacia arriba.
- Enfermedad de Ménière, con crisis prolongadas acompañadas de pérdida de audición, acúfeno y sensación de plenitud en el oído.
- Migraña vestibular, a menudo en personas con antecedentes de migraña.
- Neuritis vestibular y otras vestibulopatías agudas: son las que en el lenguaje cotidiano acaban bajo el nombre de laberintitis.
- Trastorno perceptivo postural persistente (PPPD), inestabilidad crónica que se acentúa de pie, en movimiento y en ambientes visualmente cargados: supermercados, multitudes, escaleras mecánicas.
- Causas neurológicas y cardiovasculares, fármacos, hipotensión.
Solo cuando esta lista se ha vaciado razonablemente tiene sentido atribuir el cuadro al cuello y hablar de cervicalgia y vértigo como de un único problema. Es el punto en el que el fisioterapeuta trabaja bien si colabora con el médico de cabecera, el otorrinolaringólogo o el neurólogo, y no en lugar de ellos.
Una última nota sobre un detalle que lees a menudo: se dice que el vértigo cervicogénico produce más sensación de inestabilidad que de giro, dura de minutos a horas y empeora con los movimientos del cuello. Son descripciones clínicas útiles, pero hay que tomarlas por lo que son: indicios con especificidad baja, no criterios de certeza. También el VPPB empeora al mover la cabeza, y quien tiene el cuello dolorido mueve la cabeza y el cuello a la vez.
Cervicalgia o laberintitis: cómo se separan, en la práctica
Es la pregunta que llega con más frecuencia, y las dos palabras se usan de un modo muy distinto al que les da un médico. Laberintitis en el lenguaje coloquial abarca casi todo lo que viene del oído; en consulta indica una inflamación del oído interno, y el cuadro típico es un episodio agudo y continuo, que dura horas o días, con náuseas y vómitos, a menudo tras una infección, y a veces con pérdida de audición. No necesita que muevas el cuello para aparecer: está presente aunque estés quieto.
Los otolitos (los «cristalitos» de antes) son otra cosa todavía: son cristales que se desplazan dentro del laberinto y producen el VPPB, es decir, crisis que duran segundos, giratorias, desencadenadas por un movimiento preciso de la cabeza (darse la vuelta en la cama, levantarse, mirar hacia arriba) y que pasan manteniéndote quieto. Es la causa más frecuente en general y también la que mejor se resuelve: con una maniobra, no con ejercicios para el cuello.
El vértigo cervicogénico, cuando existe, se parece poco a ambos: es más bien una sensación de inestabilidad que un giro, dura de minutos a horas, va y viene junto con el dolor y la rigidez del cuello, y no trae consigo síntomas del oído.
Dicho esto, la separación no se hace por cuenta propia ni en esta página. El motivo es el del párrafo anterior: son indicios de baja especificidad, y el vértigo cervicogénico sigue siendo un diagnóstico por exclusión. Si tienes vértigos verdaderos, el primer paso es que te revisen el oído, no el cuello.
Qué funciona: las pruebas, sin inflarlas
Aquí la literatura dice algo más claro, y no coincide con lo que se lee por ahí.
Una revisión sistemática con metanálisis publicada en el Journal of Manual & Manipulative Therapy analizó 13 estudios aleatorizados con un total de 898 pacientes, de calidad metodológica alta en dos casos, moderada en cinco y baja en seis. Las conclusiones:
- hay evidencia de calidad moderada de que la terapia manual reduce los vértigos, los trastornos cervicales y los problemas de equilibrio;
- añadir ejercicio a la terapia manual parece reforzar el efecto, pero la calidad de esa evidencia es muy baja;
- solo tres estudios especificaban la causa del trastorno, y en quienes tenían una forma postraumática los resultados de la sola terapia con ejercicios fueron incoherentes.
¿Te has fijado en el giro? La afirmación «el ejercicio es el tratamiento más eficaz», que aparece repetida por todas partes y que también estaba en la versión anterior de este artículo, no es lo que dicen los datos. Las mejores pruebas se refieren al trabajo manual que realiza el terapeuta sobre la columna cervical; el ejercicio es un complemento prometedor, pero documentado peor.
Un estudio aleatorizado a doble ciego publicado en Physical Therapy comparó, con 86 personas con vértigo cervicogénico crónico, tres tratamientos: movilizaciones Mulligan (SNAG, incluidas las autoaplicadas), movilizaciones Maitland con ejercicios de movilidad, y un placebo. Ambos grupos de terapia manual redujeron la intensidad del vértigo frente al placebo, inmediatamente después del tratamiento (diferencia media −20,7 para los SNAG y −15,2 para las movilizaciones) y a las doce semanas (−18,4 y −14,4), sin diferencias entre las dos técnicas y sin efectos adversos que durasen más de 24 horas. Pero hay un detalle que conviene reflejar porque es incómodo: en discapacidad (Dizziness Handicap Inventory) y en dolor mejoraron los tres grupos, incluido el placebo. Una parte del beneficio que perciben las personas no depende de la técnica.
En cuanto a los ejercicios, el dato más fiable procede de un estudio aleatorizado con 152 personas con dolor cervical que comparó cuatro combinaciones de tratamiento (12 sesiones en 6 semanas, seguimiento hasta 12 meses). Los cuatro grupos mejoraron, con efectos de medios a grandes. Añadir al tratamiento local del cuello el programa combinado de sentido de posición articular, control oculomotor y equilibrio dio los mejores resultados en el sentido de posición y en el equilibrio medido en torsión del cuello; el equilibrio en posición neutra, en cambio, mejoró más al añadir solo los ejercicios de equilibrio. El dato más interesante en la práctica es otro: añadir el trabajo sensoriomotor ayudó a mantener en el tiempo las mejoras en dolor y discapacidad a 6 y 12 meses.
En conjunto: el trabajo sensoriomotor tiene sentido, sobre todo para mantener los resultados, pero debe enmarcarse dentro de un tratamiento del cuello, no proponerse como cura sustitutiva.
Los ejercicios que tiene sentido probar
Si has hecho el recorrido de exclusión y la sospecha de relación entre cervicalgia y vértigo se sostiene, este es el trabajo que tiene más sentido probar. Pero antes, una regla que vale más que todas las demás: ningún ejercicio debe provocarte vértigo. Si un movimiento desencadena el mareo, reduce su amplitud y su velocidad hasta que deje de desencadenarlo. Trabaja sentado o con la espalda apoyada si te sientes inestable, y con alguien en casa las primeras veces.
Movilidad cervical controlada. Rotaciones, inclinaciones laterales, flexión y extensión, realizadas lentamente, con amplitud reducida al principio y con los ojos abiertos. Sirve para recuperar movimiento sin encender el síntoma.
Reentrenamiento del sentido de posición (el «láser cervical»). Con un puntero sujeto a una cinta en la frente, o simplemente imaginándolo, apunta a una diana en la pared, cierra los ojos, mueve la cabeza en una dirección y vuelve a la diana; luego abre los ojos y comprueba el error. Con el tiempo se pasa a dibujar figuras, letras o números. Es el trabajo sobre el sentido de posición articular que en los estudios resulta el más específico.
Coordinación ojo-cuello (ejercicios oculomotores). Fija un punto delante de ti y gira lentamente la cabeza de un lado a otro manteniendo la mirada fija en la diana. Variante inversa: mantén la cabeza quieta y mueve solo los ojos. La relación entre el cuello y el sistema visual es concreta, y es el mismo motivo por el que algunas personas con problemas de cuello también refieren alteraciones de la vista.
Equilibrio. De pie, con los pies juntos, luego en línea uno delante de otro, después sobre una superficie blanda y, por último, con los ojos cerrados solo si te sientes seguro. Siempre cerca de un apoyo.
Flexores profundos del cuello (retracción del mentón). Lleva el mentón hacia atrás manteniendo la mirada horizontal, como si hicieras un doble mentón, sin extender la cabeza. Contracciones breves y pocas repeticiones, con el objetivo de la calidad y no de la cantidad.
Isometría. Presiona la mano contra la frente, la nuca y los laterales de la cabeza resistiendo con el cuello, sin que la cabeza se mueva. Es la opción más tolerable cuando es precisamente el movimiento lo que desencadena el mareo.
Sobre las dosis exactas (cuántas repeticiones, cuántas veces al día) no encontrarás cifras aquí, porque la literatura sobre esta condición no las fija y inventarlas sería deshonesto. El criterio práctico es: frecuencia diaria, volúmenes bajos, progresión guiada por los síntomas.
Qué esperar, y cuándo cambiar de camino
Si el cuello está realmente implicado, normalmente algo se mueve en el transcurso de unas semanas de trabajo regular. Si, en cambio, tras un ciclo de tratamiento coherente los vértigos son idénticos, la deducción correcta no es «hacen falta más ejercicios»: es que hay que volver a poner en duda el diagnóstico. Los vértigos tienen muchas causas y el cuello es solo una de las acusadas, y además con la coartada más débil de todas.
Del mismo modo, si aparecen síntomas nuevos (pérdida de audición, vértigos que cambian de carácter, alteraciones neurológicas), se vuelve al médico y no se insiste con el programa.
Estilo de vida: lo que ayuda de todos modos
Algunos hábitos tienen sentido independientemente de cuál sea la causa final, porque reducen la carga sobre el cuello y la tensión general.
La ergonomía del puesto de trabajo importa más de lo que parece: pantalla a la altura de los ojos, teclado cercano, antebrazos apoyados y, sobre todo, pausas de verdad. El cuello no sufre por la posición, sufre por la posición mantenida. Levantarse y mover la cabeza a intervalos regulares hace más que la silla perfecta.
La gestión del estrés actúa sobre el mismo circuito: la tensión emocional aumenta el tono de los músculos del cuello y amplifica la percepción de los síntomas. Respiración lenta, actividad física regular, un sueño decente. Si te reconoces en este esquema, profundiza en la relación entre cervicalgia y estrés; si tu dolor de cuello lleva meses, la guía sobre la cervicalgia crónica es el complemento natural de este artículo.
Una última cosa: evitar por completo los movimientos del cuello por miedo al mareo es comprensible, pero contraproducente. La inmovilidad mantiene empobrecida la señal propioceptiva, y es exactamente el problema que intentamos corregir.
La fisioterapia a distancia, con sus límites
Conviene ser claros también aquí. Las pruebas más sólidas en este campo se refieren a la terapia manual, que a distancia no puede aplicarse. Lo que la teleterapia hace bien es el resto, y no es poco: recoger una historia clínica detallada (a menudo es el paso que orienta todo), reconocer las señales que exigen una derivación médica, enseñar y corregir en tiempo real los ejercicios sensoriomotores, adaptar la progresión y mantener la constancia en el tiempo, que es la variable que en los estudios sostiene los resultados.
Hay también una ventaja práctica nada desdeñable: cuando los mareos hacen difícil conducir o moverse, no tener que desplazarse cambia la viabilidad del itinerario. Y cuando hacen falta las manos, tu fisioterapeuta te deriva a uno de nuestros profesionales cercano a ti, y después el itinerario continúa online.
En resumen
La relación entre cervicalgia y vértigo es plausible, reconocida y todavía no demostrada: se llega a ese diagnóstico por exclusión, después de descartar las causas otológicas y neurológicas, y con criterios que los propios investigadores consideran poco específicos. En cuanto a los tratamientos, la evidencia de calidad moderada se refiere a la terapia manual; el trabajo sobre propiocepción, control oculomotor y equilibrio es un complemento sensato y útil para mantener los resultados, no una cura garantizada.
No es la conclusión que más promete, pero es la que te pone en condiciones de dar los pasos correctos: descartar primero lo que es peligroso o tratable de otra forma, y después trabajar el cuello sabiendo qué esperar.
Fuentes
- Systematic review and meta-analysis of the therapeutic management of patients with cervicogenic dizziness. Journal of Manual & Manipulative Therapy, 2022
- Clinical characteristics in patients with cervicogenic dizziness: A systematic review. Health Science Reports, 2019
- Pathogenesis, Diagnosis, and Treatment of Cervical Vertigo. Pain Physician, 2015
- Comparison of Mulligan sustained natural apophyseal glides and Maitland mobilizations for treatment of cervicogenic dizziness: a randomized controlled trial. Physical Therapy, 2014
- Effectiveness of adding rehabilitation of cervical related sensorimotor control to manual therapy and exercise for neck pain: A randomized controlled trial. Musculoskeletal Science and Practice, 2023
- Diagnosis and treatment of vertigo and dizziness: Interdisciplinary guidance paper for clinical practice. HNO, 2025
Última verificación de las fuentes: agosto de 2026.
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