Oído taponado, un pitido que va y viene, una sensación de presión que ninguna visita parece explicar. Si además tienes el cuello rígido y dolorido, es natural preguntarse si las dos cosas están relacionadas. La relación entre cervicalgia y oído existe y se conoce desde hace tiempo, pero también es uno de los temas donde más confusión circula. En este artículo intentamos poner orden, con una premisa honesta: no todas las molestias del oído dependen del cuello, y el primer paso correcto muchas veces no es el fisioterapeuta.
Cervicalgia y oído: ¿existe realmente la conexión anatómica?
Sí, y pasa por al menos tres vías.
La cercanía anatómica. Las primeras vértebras cervicales están a pocos centímetros del oído. Los músculos que se originan o se insertan en esa zona (esternocleidomastoideo, trapecio superior, músculos suboccipitales) pueden, cuando están muy tensos o contraídos, proyectar molestias hacia la región del oído. Es el fenómeno del dolor referido: el problema está en el músculo, pero lo percibes en otro lugar.
Las conexiones nerviosas. La información sensitiva de las primeras vértebras cervicales y la de la cabeza y la cara convergen en parte en las mismas estaciones nerviosas. Este «cruce» explica por qué una disfunción del cuello puede traducirse en sensaciones percibidas en el oído o alrededor de él, y por qué en algunas personas la tensión cervical parece modular un acúfeno ya presente: en ciertos casos, girar el cuello o apretar la mandíbula cambia su intensidad.
El papel del cuello en el equilibrio. Los receptores de las vértebras cervicales participan, junto con el oído interno y la vista, en el control del equilibrio. Por eso el cuello y el sistema vestibular se mencionan a menudo juntos cuando se habla de inestabilidad o mareos, un tema que hemos tratado en el artículo sobre cervicalgia y vértigo.
Hay también un actor intermedio que no conviene olvidar: la mandíbula. La articulación temporomandibular (ATM) limita literalmente con el conducto auditivo, y los trastornos de la ATM provocan con frecuencia sensaciones de oído taponado, presión o dolor. Cuello, mandíbula y oído forman un triángulo funcional muy estrecho: lo explicamos en detalle en el artículo sobre la relación entre cervicalgia y mandíbula.
Primera regla: descartar el oído (y hace falta el otorrino)
Aquí hace falta la máxima claridad: la sensación de oído taponado, los acúfenos, la pérdida de audición y los vértigos son, ante todo, síntomas otológicos, y deben valorarlos un otorrinolaringólogo antes de atribuirlos al cuello. Causas como los tapones de cerumen, las otitis, las disfunciones de la trompa de Eustaquio, los problemas del oído interno o las pérdidas auditivas reales son frecuentes y tienen tratamientos específicos: atribuirlos a la cervicalgia supondría retrasar el tratamiento adecuado.
Algunas señales requieren una valoración médica en poco tiempo, no un itinerario de fisioterapia:
- pérdida de audición súbita, aunque sea de un solo lado;
- acúfeno aparecido de repente o presente solo en un lado;
- acúfeno pulsátil (que «late» al ritmo del corazón);
- vértigo intenso con náuseas y vómitos, o acompañado de alteraciones visuales, del habla o de la fuerza;
- dolor de oído con fiebre o secreciones.
En todos estos casos, el camino correcto es el médico. El papel del cuello se considera después, cuando el oído ha sido revisado y está sano, o cuando el propio otorrinolaringólogo, al no encontrar una causa otológica, sugiere valorar el componente musculoesquelético. Esto ocurre más a menudo de lo que crees: una parte de las personas con el oído «sano pero sintomático» presenta también rigidez cervical, tensión de los masticadores o bruxismo.

Cuando el cuello es un sospechoso creíble
Tras descartar las causas otológicas, algunos indicios hacen plausible una contribución cervical:
- los síntomas del oído cambian al mover el cuello o la mandíbula, o tras mantener durante mucho tiempo posturas fijas (ordenador, conducción);
- conviven con dolor y rigidez de cuello, dolor de cabeza que empieza en la nuca, tensión en los trapecios;
- empeoran en épocas de estrés, cuando aprietas o rechinas los dientes;
- al presionar algunos puntos de los músculos del cuello se reproduce la molestia que notas hacia el oído.
También en este escenario la honestidad impone un límite: la fisioterapia no «cura el acúfeno». Lo que puede hacer, y ya es mucho, es reducir la tensión muscular, mejorar la movilidad del cuello y actuar sobre los factores que parecen modular el síntoma. En algunas personas esto se traduce en una molestia menos presente o menos invasiva; en otras, el beneficio afecta sobre todo al cuello y al dolor de cabeza, mientras que el síntoma auditivo cambia poco. Desconfía de quien prometa eliminar un acúfeno trabajando el cuello: no es una promesa que un profesional serio pueda hacer.
Qué puede hacer la fisioterapia, en concreto
Si la valoración revela un componente cervical, el itinerario típico incluye:
- ejercicios de movilidad para el tramo cervical superior, suaves y progresivos;
- fortalecimiento de los músculos profundos del cuello, a menudo débiles en quien tiene dolor crónico;
- trabajo sobre los músculos tensos (trapecios, esternocleidomastoideo, suboccipitales), también con técnicas manuales;
- educación y hábitos: puesto de trabajo, pausas, gestión del estrés y del apretamiento mandibular, higiene del sueño.
Ninguna de estas técnicas es milagrosa por sí sola: funciona el cuadro de conjunto, construido sobre lo que la valoración ha encontrado realmente. Si quieres entender mejor cómo trabajamos los trastornos del cuello, encontrarás una visión general en la página dedicada a la cervicalgia.
Si ya te has hecho las revisiones con el otorrinolaringólogo, el oído ha salido sano y la sospecha ha recaído en el cuello, podemos ayudarte a ver si un itinerario de ejercicios tiene sentido en tu caso: Empieza por el cuestionario. Es una videollamada de valoración con un fisioterapeuta, y tu horario queda reservado. Y si de la conversación surgieran señales que merecen antes una consulta médica, seremos los primeros en decírtelo.
En resumen
La relación entre cervicalgia y oído es real: la cercanía anatómica, las convergencias nerviosas y el papel del cuello en el equilibrio la hacen plausible, y el triángulo cuello-mandíbula-oído explica muchos casos de oído taponado y presión sin causa aparente. Pero el orden correcto no se invierte: primero se descarta el oído con el otorrinolaringólogo, después se valora el cuello. Si existe componente cervical, un trabajo específico sobre movilidad, fuerza y hábitos puede reducir la tensión y, en una parte de los casos, aliviar también los síntomas hacia el oído, sin promesas absolutas, pero con un itinerario serio y medible.
Fuentes
- Diagnostic Value of Clinical Cervical Spine Tests in Patients With Cervicogenic Somatic Tinnitus. Phys Ther, 2015
- Cervical spine disorders and its association with tinnitus: The «triple» hypothesis. Med Hypotheses, 2017
Última verificación de las fuentes: septiembre de 2026.





